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TRANS LATINAS DE ÉXITO

Valentina Verbal Stockmeyer

 Chilena



Transexual, activista y candidata a diputada en Chile

Valentina Verbal Stockmeyer, una de las más destacadas activistas de diversidad sexual en el Chile de los últimos años, se define, ante todo, como una “mujer transexual”. No pretende, según nos cuenta, “ocultar su pasado” o “borrar la historia”.

Después de dos años dedicada enteramente al activismo, especialmente como vocera de la Fundación Iguales, a la que acaba de renunciar —“por diferencias de fondo”, nos dice—, ha asumido un nuevo desafío: lanzarse a una campaña a diputada por las comunas de Independencia y Recoleta, situadas dentro del Gran Santiago.

Siendo una mujer con tanto que contar, hablamos con ella largo y tendido. Esta entrevista la conforman tres partes: la primera, dedicada a su historia de vida como transexual; la segunda a su rol de activista; y la tercera, al nuevo desafío que asume como candidata a diputada.


Primera parte: Valentina, la mujer transexual

- Valentina, en los últimos años, te has hecho conocida en Chile como activista transexual, trabajando especialmente en la Fundación Iguales. Pero antes de hablar de esto quisiera ir más a atrás, a tu vida como tal, a tu conciencia de ser transexual.

- ¿Quieres saber cuándo me di cuenta?

- Sí. Pero supongo que esta pregunta te la han hecho muchas veces.

- Sí, mira, siempre te preguntan: “¿Cuándo te diste cuenta que eres transexual?”. Yo siempre respondo que de esto, de tu identidad de género, te das cuenta de la misma manera que alguien que no es transexual. Cuando tomas conciencia de si eres hombres o mujer, y para el caso de las personas trans, si estás o no en el lugar adecuado, en el sitio que sientes es el que te corresponde.

- ¿A qué te refieres con “lugar adecuado”?

- A que ser transexual no es tanto nacer en un “cuerpo equivocado”, para un niño o niña no resulta tan relevante tener pene o vagina, resultará importante después. Lo relevante es cómo puede expresarse, socialmente, como puede vestirse, a qué jugar, con quienes hacerlo, etc. Más que estar en un cuerpo equivocado, los niños y niñas trans, descubren que están en el lugar equivocado. Y el sufrimiento emana de esto, de no poder ser parte del mundo del que quieren ser parte.



-¿Y cómo te pasó a ti?

- Yo, desde que tengo uso de razón que me siento mujer, pero al mismo tiempo, rápidamente, descubrí que no lo era externamente, que no lo era ni genital ni socialmente. Y también descubrí que era alguien “anormal”, que estaba fuera de la norma estadística e ideal de la sociedad. Que, en otras palabras, ser mujer para alguien como yo era algo prohibido, que sencillamente no se podía. O que, más bien, no se debía.

- Narras un proceso que resulta complejo de entender, incluso para quienes presumimos de tener un poco más de información respecto a la transexualidad. En tu caso,  ¿cómo fue ese proceso de vivir con una identidad, incoherente con tu sexo biológico, con tu apariencia física?

- Llevé una doble vida hasta los treinta y tantos, lo que se expresó, básicamente, en vestirme a escondidas como mujer y en vivir “sola frente al espejo”, como dice Marta Sánchez.

- ¿Tus padres qué decían? ¿Se dieron cuenta de lo que estabas viviendo?

- No, porque yo lo oculté apenas descubrí que se trataba, como te dije, de algo prohibido, imposible desde el punto de vista social. Cuando tenía como ocho años, mi hermano descubrió  que yo me vestía con ropa de mi mamá. él era mayor que yo, así que después de hablar conmigo y decirme que eso estaba mal, que era algo de “maricones”, le prometí que no lo volvería a hacer, y desde ahí en adelante comencé a tomar ciertos resguardos para que nadie supiera. Me expresaba como mujer sólo cuando no había nadie en casa, cuando estaba sola. Ese era mi “gran momento”, mi momento mágico, como digo en una columna que, entre paréntesis, marcó el inicio de mi activismo.

- Pero tú saliste del closet tarde, a los treinta tantos. ¿Cómo soportaste tantos años?

- El tiempo pasa rápido en la vida, y puede pasar para bien o para mal. La vida,  creo, se puede vivir para ser realmente aprovechada o para perderla. Yo la perdí en gran parte, pero al menos hubo un momento en que dije: “no más, no puedo ser una persona tan infeliz y estar actuando en un papel equivocado”.

-¿Qué te llevó a tomar la decisión?

- La decisión la tomé porque sentía una fuerte presión por no tener una pareja mujer. Hace años que no se me conocía mujer. Y también porque estaba colapsada de no ser la persona que quería ser, que sentía que en verdad era. Fue un verano, el de 2008, que coincidía con el último año de mi carrera. Estaba de vacaciones, en Concepción, en casa de mis padres. Fui sola a Dichato, arrendé una pieza y pase el fin de semana. Y ahí, mirando el mar, me dije que iba a dar el salto, un salto que podía ser al vacío, que iba a luchar con todo por ser mujer; por ser la persona que quería ser.

- Actualmente las chicas trans suelen dar ese salto que mencionas a edades más tempranas. En tu caso sabías desde pequeña que no eras un hombre. Lo tenías todo claro. ¿Por qué  esperaste tanto tiempo para salir del closet?

- Básicamente, porque a mí me tocó nacer en otra época. Los chicos y chicas trans de hoy, se lo dicen a los padres a los 14-15 años, o máximo a los 16-17. ¿Por qué? Porque tienen mucho más acceso a información sobre transexualidad, y ejemplos a seguir. Yo misma, sin falsa modestia, he sido una entrecomillas un modelo para varias chicas, quienes me han expresado que mi caso es un ejemplo que les ha motivado a salir del closet y a buscar la felicidad que añoran para ellas.

- ¿Y cómo era un tu época? ¿Qué se sabía en Chile sobre transexualidad?

- Prácticamente nada. Y claramente nada para una persona común, no había Internet. Nadie tenía acceso a libros, por ejemplo, de psiquiatría que, al menos y pese a mis reparos, describen la transexualidad en algunas de sus características. Piensa que ni siquiera hoy, la mayoría de los profesionales de la salud, sabe de este tema, tiene muchos prejuicios. ¿Qué quedaba, entonces, para una persona común y corriente de los años 70 y 80, décadas de mi infancia y adolescencia? A lo más, se sabía que había gays, pero éstos tampoco salían del closet: vivían en guetos, se juntaban en bares casi secretos. Y también se sabía que había “travestis”, lo que se entendía como “maricones extremos” que se dedicaban a la prostitución. Mi casi único camino como trans era dedicarme a la prostitución, y no quise esto para mí, pese a que lo pensé.

- O sea, ¿llegaste a pensar que la prostitución podría validar tu identidad femenina?

- ¿Te asustaría saber que en algún momento hubiera pensado en prostituirme?

- No. En absoluto. Lo que sí me asusta es que hemos subvertido el orden de las cosas.
 

- ¿En qué sentido?

- Bueno, no sé si lo notaste pero ahora eres tú la que pregunta y yo el que responde. ¿No debería ser al revés, al menos en esta ocasión?

- Es cierto. ¿Dónde nos quedamos?

- Hablábamos de la prostitución, de cómo, en algún momento de tu vida pensaste ejercerla, buscando validar tu identidad femenina.

- Claro, por la necesidad de estar con gente como yo, que se sentía y vivía como mujer no habiendo nacido con sexo femenino, es que me acerqué, algunas veces, en mi adolescencia, a lugares en que mujeres trans ejercían el comercio sexual. Les preguntaba sobre su vida, me hice amiga de algunas. Y, varias veces, pensé seguir ese camino, porque me daba cuenta que, al menos, ellas, podían vivir su identidad de género. Quizás se podía juntar plata un tiempo y luego retirarse, poner un negocio, y ser feliz el resto de la vida. Esta idea la pensé hartas veces.

- ¿Y llegaste a hacerlo alguna vez?

- ¿Hacer qué?

- Prostituirte.

- No. Nunca. Fue una etapa de búsqueda personal en la que pensé en eso y en un millón de cosas más. Necesitaba  sentirme parte de algo. Necesitaba integrarme a algún grupo de personas en donde fuera aceptada tal y como era, desde mi identidad, sin los cuestionamientos de siempre, sin burlas ni caricaturizaciones mal intencionadas.

- Hace unos minutos me decías, y cito textual: “Sentía una fuerte presión por no tener una pareja mujer. Hace años que no se me conocía mujer”. ¿Cómo viviste tu sexualidad antes de exteriorizar tu identidad trans? ¿Tuviste pololas, novias, mujeres en ese período?

- En una primera etapa, traté de ser “normal”, de pololear con mujeres. Pero siempre, pese a que admiro la belleza femenina, y a que como mujer trans soy “poli-amorosa”, mis relaciones terminaban en un fracaso, porque obviamente no podía ser un hombre en lo sexual, no me sentía así. A veces, me enamoré de alguna de ellas, pero siempre fue un amor afectivo, en la cama no funcionaba mucho que digamos.

- ¿Y probaste con hombres?

- A los veintitantos, como a los 27, creo, cuando ya tuve claro que no funcionaba con mujeres en el plano sexual, comencé, no sin culpa, a intentar con hombres. Pero aquí tampoco funcionaba, porque me sentía mujer y era muy “afeminado”, como hombre, al estar con otros hombres; y, normalmente, los gays, que son hombres que quieren estar con otros hombres, buscan a hombres masculinos, no afeminados, no lo que llaman “locas”.

- En algún momento, creí que tu vida afectiva había sido más cómoda. Ahora tengo la impresión de haber estado equivocado.

- Claro, porque el tema de fondo, creo, es que para realizarse en cuanto a las relaciones afectivas, para expresar la orientación sexual, antes, hay que vivir la verdadera identidad de género que se posee. O sea, independiente de que ser heterosexual u homosexual, primero, hay que tener consolidada la vivencia de género que realmente se posee, sea masculina o femenina.

- Todos estos conceptos que para ti resultan cotidianos, podrían ser el quebradero de cabeza de muchos de nuestros lectores. Por cierto, incluyo en la lista a gays, lesbianas, bisexuales y hasta transexuales. Te invito a que enfatices en el tema con un poco más de detenimiento.

- La identidad de género, que es una de las categorías de la diversidad sexual, es, podríamos decir, anterior y mucho más primaria que la orientación sexual. Primero se es hombre o mujer, aunque sé que estos conceptos son categorías cuestionadas por el postfeminismo y la teoría queer, pero primero se tiene una identidad de género. Y sólo después, una vez asentado este aspecto, se puede pensar, vivir adecuadamente, con seguridad y sin traumas, la sexualidad erótica. No soy experta en sexualidad, esto lo digo desde mi experiencia y desde el sentido común.

- ¿Enfrentaste a tu familia desde esa experiencia y sentido común que mencionas o les explicaste de un modo más didáctico, con bibliografía, resultados de estudios, etc.?

-Cuando decidí mi tema, en el verano del 2008, empecé a pensar cómo hacerlo. Yo desde el 2004 vivía en Santiago, mi familia en Concepción. A mediados de ese año, hablé con una prima bastante liberal en lo valórico, y además psiquiatra, con lo cual pensé que debía saber del tema, aunque desde una mirada algo patologizante. La verdad, no sabía casi nada, pero igual me ayudó.

- ¿Y cómo te ayudó, teniendo una mirada “algo patologizante” sobre el tema?

- Ella, además de ser sobrina de mis padres, es su ahijada, y es muy respetada por ellos. Entonces, le pedí que hiciera de puente con mi familia nuclear. Primero habló con mi hermana, después mi hermana hizo lo propio con mi hermano. Luego yo viajé a Concepción y me junté con mis dos hermanos, y ahí acordamos que yo redactaría una carta dirigida a mis padres, carta que ellos le entregarían un fin de semana, para que estuvieran más tranquilos. Y esto hicimos, creo, a mediados de octubre del 2008.

- Hasta ahí el plan me parece perfecto, pero falta la mitad de la historia: ¿qué te respondieron tus padres?

- Mi papá, ese mismo día en que recibió y leyó mi carta, me escribió un correo electrónico, diciéndome que siempre iba a ser mi padre y que, pese a que esto no le resultaba fácil, me iba a apoyar. Mi mamá se lo lloró todo por varias semanas, pero no tanto por lo que iba a ser, una mujer, sino porque pensaba que iba a perder un hijo, a su “niño” de toda la vida. Pero después, poco a poco, ambos se fueron dando cuenta que el paso “de hombre a mujer” es más externo que nada; que, en el fondo, se sigue siendo la misma persona. Que, por ejemplo, se mantienen los mismos gustos, los mismos intereses, el mismo carácter. Aunque esto no es tan simple: cambiar lo externo, supone cambiar harto socialmente, en la apariencia. Y, por tanto, en la forma de entrar al mundo y a las personas.

- Llega el momento de hacer preguntas más privadas y por tanto, presumiblemente incómodas. ¿Cómo afrontaste tu transición, desde el punto de vista biológico? ¿Empezaste a tomar hormonas? ¿Te inyectaste algo para aumentar volumen, aquí o allá?

- No. No me he implantado nada, si a eso te refieres y recomiendo que tales procedimientos los hagan sólo verdaderos especialistas. En mi caso, a fines del 2008 fui al endocrinólogo; ya tenía el certificado siquiátrico que los endocrinólogos siempre te piden para hacerte el tratamiento. Y, bueno, empecé con hormonas a fines de ese año, aunque en el 2009 el avance fue mínimo. Por eso, me cambié de doctor a principios del 2010, y ahí, creo, empecé a experimentar, poco a poco, pero de manera permanente, los cambios en mi cuerpo.

-¿Cómo cuáles?

- ¿Debo responder eso también? ¿Con lujo de detalles? (Ríe).

- Como te dije, llegamos al apartado de las preguntas incómodas…

- Era broma, no te preocupes. Mira. Lo primero y más notorio es que te empiezan a crecer los pechos. Nunca tan grandes como una mujer desarrollada, pero sí, al menos, como una niña de 14 o 15, o como una mujer más bien “plana”, como se dice. Y la piel se te empieza a poner mucho más suave y más delgada. Los vellos se afinan, crecen más débilmente.

- ¿En cuánto tiempo comienzas a notar los cambios físicos después del tratamiento hormonal? ¿Semanas, meses…?

Todo esto es muy lento y gradual. Pero si miras hacia atrás, si ves tus fotos anteriores, ves un cambio notorio. Lo más bonito e impresionante, siempre he pensado, del cambio corporal que experimentan las personas trans es la apariencia y fisonomía del rostro. Para las mujeres trans —es decir, para las personas que pasan de “hombre a mujer”— el rostro se pone más ovalado, aparecen pómulos, y poco a poco, también con ayuda de láser, va desapareciendo la barba. Todo es muy lento, reitero, pero al mirar hacia atrás se ve que los cambios son notorios. Y cambia la sonrisa; como dice mi endocrinólogo, aparece un “brillo en la mirada”. En el fondo, este brillo expresa la felicidad tremenda que se va alcanzando, producto de una mayor armonía interna entre cuerpo y mente, y de uno como persona frente al resto de la sociedad. ¿Terminamos ya el apartado de las preguntas incómodas?- (ríe, nuevamente).

- No. De hecho, creo que falta la pregunta más incómoda de todas: ¿Sientes que eres feliz, hoy por hoy, tal como eres, tal como te ves ante el espejo?

- ¡Totalmente! Yo no me creo esa frase que dice que “la felicidad se compone de momentos”. No, la felicidad es una satisfacción plena con lo que se es y con el proyecto de vida que, día a día, se construye. Se puede estar pasando una pena, un dolor, tener uno o más problemas, pero si está siendo fiel a la propia identidad —y si, de esta manera, se está construyendo un proyecto de vida realizador—, se es feliz. ¡Yo lo soy! Y quiero que más gente lo sea en el futuro. Por eso me metí al activismo. Sentí que debía devolverles la mano a otras personas como yo.

- Pero sobre activismo y tu vínculo con Fundación Iguales hablaremos en la segunda parte de nuestra entrevista

Tatiana Piñeros Laverde

Colombiana

Una mujer transexual, con manos perfectamente arregladas, de maquillaje sobrio y traje ejecutivo, que un día decidió llamarse Tatiana, asumió este año el cargo de directora de gestión corporativa en la Secretaría de Integración Social, un logro poco común en una sociedad que aún discrimina.

De su historia como hombre no queda ni el nombre. Supo que estaba en un cuerpo equivocado desde niño; de hecho, su madre le contó que su embarazo fue tranquilo, comparado con el de sus dos hermanos varones. “Siempre pensé que ibas a ser una niña”, le dijo una vez. La historia de su vida no tiene tintes trágicos, episodios de depresión o abuso: nació en una familia unida que le dio todo.

Recuerda que les robaba juguetes de niña a sus primas mientras miraba con sinsabor los ‘megacarros’ que adornaban su habitación. Había un vacío que no se llenaba.

Siempre fue visto como un niño suave, obediente y correcto, nunca como amanerado porque en su cabeza rodaba siempre la idea de hacer lo correcto, aunque sabía que no encajaba con su uniforme de hombre y miraba con deseo poder usar una falda de colegiala.

“Ya sabía que estaba en un cuerpo equivocado”, contó.



Más allá de la orientación sexual que calaba en cada episodio de su vida, había otro propósito que no abandonaba: sus deseos de superación.

Por eso trabajó para pagar su carrera de Contaduría en la Universidad Central y luego una especialización en Gerencia de Recursos Humanos.

Así logró asumir cargos importantes y hasta la gerencia de una agencia de publicidad. Este último, el trabajo en el que decidió anunciar su transformación física. “No podía seguir así, siendo exitosa laboralmente pero infeliz. Entonces, en el 2007, nació Tatiana. Yo soy una mujer en un cuerpo masculino”.

Dos días antes había revelado su secreto a su madre y hermano y luego, convocando una junta extraordinaria, les dijo a los socios de la empresa que al otro día una mujer de 1,76 de estatura y feliz asumiría el cargo con el mismo profesionalismo y éxito de siempre. El apoyo fue total.

Superada su postura sexual se adhirió a un grupo de apoyo transgenerista de Chapinero. “En una reunión conocí al alcalde Gustavo Petro y comencé a trabajar con él”.

Su trabajo constante le permitió ganar el puesto que hoy asume y el reto de manejar 570 mil millones de presupuesto de una secretaría a la que la Alcaldía le encomendará gran parte de su programa de gobierno.



Fuente: El Tiempo

 

Lea T

Brasileña




Es una de las tops del momento. Fichada por Riccardo Tisci para Givenchy, fotografiada al desnudo para «Vogue París» y requerida en las mejores pasarelas internacionales, su condición de modelo transexual confirma su gran momento. Pero cuando se hizo público el nombre de su padre (Toninho Cerezo, ex futbolista de la Roma y de la Sampdoria, y miembro de la selección brasileña en los mundiales de Argentina 78 y España 82), Lea T se convirtió en una celebridad.
Bautizada con el nombre de Leandro y criada en Belo Horizonte (Brasil), durante 25 años ha sido y ha vivido como un hombre. Hoy, con 28 años, recuerda cómo su familia notaba que había algo especial en ella: «Cuando mi padre estaba en casa me miraba y me decía que había algo raro en mí. Es demasiado femenino, tenemos que hacer algo con él”, comentaba». Lea pasó su adolescencia «aterrorizada» ante la idea de la transexualidad.

La revelación del tacón

El cambio se gestó cuando conoció al diseñador Riccardo Tisci. Él era un prometedor estudiante de la St. Martin's School de Londres y ella se buscaba la vida como modelo masculino, aunque con poca suerte pues resultaba demasiado «femenino». Pero Tisci apostó por
Conociendo a Lea T, la nueva supermodelo

aquella «feminidad inherente» y una noche le animó a ponerse tacones para acudir a una fiesta: «Fue una revelación», recuerda Lea.
De la mano del propio Tisci, saltó a la primera línea de la moda: se convirtió en su asistente y, después, en su musa. Desde el pasado año ha protagonizado la campaña de invierno de Givenchy, ha apareció en la revista «Vanity Fair», ha sido la gran estrella de la más reciente Semana de la Moda de Río de Janeiro y ha compartido editoriales con Kate Moss. Sus piernas interminables y cierto aire etéreo han hecho de ella la modelo revelación.
Lea T aún no ha completado definitivamente su proceso de trasformación y aunque no se siente completamente cómoda en su cuerpo, en agosto del pasado año se dejó convencer por Carine Roitfeld para posar desnuda para «Vogue» París: «Acepté por todos mis amigos transexuales».
En una reciente entrevista para la revista «Love», Lea T desdramatiza su existencia y su particular lucha por ser ella misma: «La vida es complicada para nosotros, pues somos lo raro, lo peculiar, lo escandaloso... Pero, a mi humilde manera, estoy intentando cambiar las cosas».


Lágrimas en el baño

«Cuando comencé a tomar hormonas, lloraba en el baño. Y no sólo por el shockemocional. Pensaba: “Nadie me dará un trabajo, ¿cómo voy a hacer esto?” Yo no quería trabajar en clubs, yo quería formar parte de un equipo. No quería trabajar en la noche. Y, sí, con la noche, me refiero a la prostitución». Y añade: «Todo parece un escándalo cuando eres transexual. Es difícil encontrar oportunidades».
No nació mujer y se resigna a no serlo. «Hay que ser honesto con uno mismo. Si Dios me preguntara qué quiero ser, diría que una mujer. Pero no lo soy. Soy un transexual», reconoce. Sin embargo, se considera «afortunada» y no le falta razón. Y es que, como dijo Oscar Wilde, «si no puedes ser una obra de arte, vístete con una obra de arte».



Nota tomada del sitio: http://www.abc.es/20110611/estilo/abcp-hijo-toninho-cerezo-20110611.html

Verónika Alejandra



Mexicana


¿Quién soy yo? Es una pregunta existencialista bastante común, pregunta que empecé a realizarme en mis primeras relaciones sociales con otros niños de mi edad… pero esa no fue la cuestión principal que me hacía sino ¿qué era?
 
Veía a los demás y me di cuenta que eran diferentes, todos los niños varones de 5 o 6 años eran diferentes a mí, se comportaban diferente y yo noté esa diferencia. Que tristeza sentirse diferente y no encajar en esa tierna edad.

¿Qué era yo? No lo supe hasta años más tarde, pero no lo acepte en aquel entonces. A los 7 descubrí que me gustaba sentirme niña, descubrí que el “jugar” a serlo en mi intimidad me liberaba, no sabía de qué, mas me sentía libre. Una libertad pequeña y compacta, tanto que así permaneció por años, nunca la compartí con nadie, nunca se lo dije a nadie, hasta que tuve 29 años.

En mi entorno social aprendí con mucho dolor a comportarme como los demás. Sufrí 6 años de infierno en la primaria, ya no podía seguir así  y en la secundaria logré ser parte de los demás, a ser como otro chico de mi edad, no totalmente pero comencé a tener aceptación y eso me daba tranquilidad, no felicidad, pero si un poco de tranquilidad.

A los 12 años escuche por primera vez la palabra transexual y leí un artículo sobre ello. Había encontrado una respuesta, que solo me dio más ansias de conocimiento y de ahí busque toda la información posible sobre la sexualidad humana. Pero el silencio, el no tener alguien de confianza con quien externar mi sentir no ayudó mucho. 

Acudí a la universidad, me gradué en ciencias de la comunicación y yo en silencio, con mi sentir interno intensificado, pero bien compactizado en un rincón de mi mente, alma y corazón para que nadie lo notara. Y nadie lo hizo, nadie sospechaba, yo era “uno más”, diferente, pero un joven como los demás. Ni siquiera tenía actitudes “gay”, nada de eso. Tenía con muchos candados toda esa personalidad y sentir, que estaban muy mal desarrollados por la falta de luz.

Pararon unos años más, empecé a interactuar por internet en foros travestis, pensado que eso era. Sin embargo esa interacción me frustró, encontré que las personas travestis eran diferentes a mí.  ¿Qué pasaba entonces? ¿Qué era yo?

Simplemente no quería aceptar mi realidad, que yo era una persona transexual. Tenía miedo, y a la vez no comprendía por qué tenía que ser transexual. Me gustaban las mujeres, tuve novias y las quise mucho, los hombres no me atraían, aunque luego cuando los candados de mi mente se fueron abriendo, entendí que bloquee eso por todo el maltrato que recibí en la primaría, por parte de mis compañeros varones.

Y un día gracias a un artículo llamado “La bella estoicidad de ser diferente” (http://transexualidad-euskadi.blogspot.com/2006/06/la-bella-estoicidad-de-ser-diferente.html ) de mi amiga Ericka, es que me di cuenta de que era, lo acepte, lo comprendí y a parir de ahí lo comencé a vivir. Localicé un foro de personas transexuales y ahí si encontré compatibilidad, por fin tuve un sentido de pertenencia real.

Y así fui creciendo y comencé poco a poco a realizar mis cambios, todo paulatinamente y de manera muy estudiada, con precaución. Comencé por algo tan básico como dejarme crecer el cabello y determinar una terapia de reemplazo hormonal que fuera segura. El 2006 fue el inicio de intuir e ir viviendo la verdadera felicidad de ser.



Llegó a mi vida Eduardo, mi psicólogo, quien me apoyó en todo, tanto con las terapias y económicamente. Para ese entonces mi mejor amiga Saray ya sabía lo mío y me dio todo su apoyo incondicional. Ella fue quien me ayudo a dar mis primeros pasos fuera del closet, a mostrarme como mujer ante todos (aunque al principio no me veían así los demás). 



Esos primeros pasos fueron difíciles, empezar a desenvolverte como mujer en edad adulta es algo difícil, nadie te guía en la infancia, creen que eres varón ye te crían como tal. Tuve que aprender a ajustarme, a lidiar con la discriminación, a tener valor, a poner mi felicidad por encima del desprecio de la sociedad y lo logré, porque era feliz y era el mejor escudo que tenía ante cualquier acto de discriminatorio.

Al inicio solo me desenvolvía como mujer en mis tiempos y días libres, donde ya me presentaba en todos lados como Verónika Alejandra. Pero mi latente personalidad luchaba por desarrollarse más, porque lo que Vero Ale empezó a hacerse presente ante todos a mi alrededor, aún cuando no usará las ropas indicadas a mi genero mental (el femenino). Aunque las pocas veces que visitaba  a mi familia, evitaba ser yo, de hecho ellos se enteraron de lleno de mi verdad hasta que fue muy tarde para que intervinieran.

En el trabajo varios me aceptaron y dieron la mano. Otros (los menos) me dieron la espalda. No importaba, yo era feliz (soy feliz). Mas no todo fue feliz ahí. Los jefes administrativos notaron mis cambios y no les parecieron adecuados, pues, aunque portaba un uniforme masculino, mi rostro y cuerpo habían cambiado lo suficiente y eran notorios a simple vista. Me llamaron la atención, que le parara a mis cambios y a mi comportamiento. Al mes de esa amonestación me despidieron alegando recorte de personal.

Al principio fue un choque muy grande para mí, lloré y me planteé cómo lograría encontrar otra vez trabajo. Tomé una decisión, no podía seguir trabajando con ropas masculinas, la gente me veía en la calle con ellas y aún así me decían “señorita”, hombre ya no parecía, así que no vi el caso buscar trabajo así. El único inconveniente era la contradicción de mis documentos legales con mi imagen. No me importó, tenía que intentarlo.

Dos meses de búsqueda. Me desespere. Me cruzó por la mente  el terminar tristemente en una esquina como me dijo una vez una ex amiga cuando le confesé mi transexualidad. Pero mi profesionalismo habló por mí, dos amigos me recomendaron para un trabajo, en el cual acudí, tuve oportunidad de probar mi capacidad y fui contratada. El problema fue la presentación de los documentos. Pensé que lo habían percibido, mas no era así. Cuando le dije a mi jefe se sorprendió mucho, sin embargo dijo que no existía problema y que manejarían mi documentación con discreción a los demás.



Cabe decir que legalmente ya cambié mi nombre en mi documentación, excepto el sexo, pues no esta estipulado en el código civil del estado donde nací, pero por lo pronto el nombre ayuda mucho en cualquier trámite a ser tratada sin caras de sorpresa o preguntas incomodas, o actos de discriminación (que los he tenido [http://veroaleic.blogspot.com/2011_03_02_archive.html  ])

Siempre la sonrisa  a flor de piel me abrió las puertas a la simpatía de muchos,  para cuando se enteraron que soy mujer transexual su trato no cambio conmigo. Soy una mujer más, una muy especial, no por ser transexual, sino porque decidí serlo. 

Muchos tropiezos he encontrado. Me detengo. Lloro un poco. Después me levanto y lucho por vencer aquello que me bloquea. No ha sido el estar a la defensiva, el odio, el rencor, ni el engaño o cualquier otro sentimiento o actitud negativa las que me han ayudado, sino el decidir ser feliz y tener un espíritu positivo que resiste y no se rinde, descanso, pero siempre retomo.

Una vez me pidieron que me definiera en tres palabras, y esta es la definición de Verónika Alejandra: Guerrea, Buscadora y Firme.



Gracias por leer esta biografía. No me considero mujer transexual de éxito, pero si una mujer que lucha por ser ella misma, por ser congruente con su esencia y así ser ante todo una mujer autentica. Gracias nuevamente

Verónika Alejandra

Más información de una servidora en el siguiente blog: http://veroaleic.blogspot.com/2011_03_02_archive.html

PAULA MOUNTS

COLOMBIANA



Nací el 8 de Noviembre de 1967 en Medellín Colombia. Diseñadora Industrial de profesión, con un postgrado en administración de empresas de la Universidad de los Andes y una especialización en tecnología de plásticos en Fachhochschule: Frankfurt Alemania. Me he dedicado todo el tiempo trabajar con empresas multinacionales en el sector plástico, hasta que al cumplir los 30 años de vivir como hombre con un matrimonio decepcionante que tuvo como fruto una bella niña llamada Natalia. Me di cuenta que no era feliz con la vida que estaba llevando. 

En este punto  no toleré más mis sentimientos de culpa y frustración y los pensamientos suicidas;  tomé la decisión de darle un giro de 180 grados a mi vida y hacer lo que mi corazón me sugería: vivir mi vida y no la que los demás pretenden. Así  empece hablar con cada una de mis amistades más cercanas para ponerlas en conocimiento de la decisión tomada, luego con mi familia y los compañeros de la empresa en la que laboraba; de esta forma pretendía  realizar todo el proceso de transición allí, pero la empresa no quiso enfrentarse a vivir una decisión como ésta en su interior, de modo que negociaron una indemnización económica.



Desde ese momento debí enfrentarme a trabajar como una mujer transexual independiente con la consigna "lo que emprenda lo debo hacer  bien desde el primer momento" y aunque en el medio colombiano el transexualismo tiene una connotacion bastante relacionada con el sexo y la prostitución yo decidí romper con este paradigma. Todos apuntaban, incluso mi familia, a que mi vida laboral culminaría dedicada a la prostitución pero no fue así; luego de dos años de buscar una posición en la sociedad y tener claridad acerca de a que me iba a dedicar, llegué a la conclusión que lo debía ejercer mi profesión que realmente me encantaba, así fue como nació Design Lab, empresa dedicada al diseño de envases de plástico para la industria química y farmacéutica. Hoy Design Lab cuenta con oficinas en Bogotá y Frankfurt.


Muy al comienzo de mi proceso de transición fundé el GAT (grupo de apoyo transgenerista) el cual coordiné durante dos años, lo que me permitió entrar en contacto con maravillosas personas de la comunidad trans de la ciudad de Bogotá. Esto me sirvió para sentirme orgullosa de mi condición de mujer transexual: si me sentía una mujer al 100% porque no construirme al 100% y deconstruirme como hombre, todas esas cosas que una dia llegué aborrecer tanto en lugar de conformarme con ser una "caricatura de mujer", pues si soy mujer porque no serlo totalmente; incluso llegué a perdonarme a mi misma, pues muchas veces me sentí culpable de ello y así conseguí mi paz interior. Durante esta época tenia mi propia pagina web a través de la cual entre en contacto con personas que compartían mi sentir. Este lugar  lo mantuve por mas de diez años, hasta que sentí que la idea original con la que lo había creado estaba siendo desvirtuada por el acoso permanente de hombres haciéndome propuestas obscenas y más debido a mi condición de mujer transexual lesbiana.



Hoy mi hija tiene 18 años, y para fortuna mía a pesar de todos los intentos por parte de su madre de separarla de mi, tenemos una relación que pasó de ser la de papá a "MAPI", hoy me siento afortunada que se haya dado la oportunidad de ver que la esencia de mi ser continuaba siendo la misma a pesar del cambio físico; hoy mi hija no es mi hija es mi amiga, una ventaja envidiable para muchos padres o madres.

En el año 2009 la cadena Natgeo me invitó a participar del programa Tabú Latinoamérica quizás por que en el medio transexual de latinoamérica yo tengo una visibilidad diferente a aquella con la cual el transexualismo es reconocido por el resto de la sociedad.

 
 
 

Notas

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Antes de registrarte, lee esto.TRAVESTISYTRANS no es una red sexo, aunque en la vida privada uno puede hacer lo que más le convenga: ahí no nos metemos como es natural. No subas material…

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Creada por Daniela Gold Ene 18, 2014 at 11:29am. Actualizada la última vez por Daniela Gold 11 Abr.

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